miércoles, 20 de junio de 2012

LA CAMELLA


Anda la provincia como la famosa camella que transportaba a lomos a un numeroso grupo de pasajeros por un inmenso arenal. Es decir que va jodida. Va renqueando de sus patas económicas y con un nutrido grupo de tripulantes agarrándose con lo que pueden para no caerse y quedar atrás.

Y es que sus jinetes, los que la manejan y pilotan por entre las dunas, son tan numerosos que algunos ya se agarran a ella; a la camella; como si fueran ese famoso (muy a su pesar) granadino, metiendo cualquiera de sus miembros donde sea para no perder comba a pesar del riesgo de padecer  cangrena en tan íntima parte o la vergüenza de que, si alguna vez se llega al oasis, tengan que ser liberados por un apuesto bombero armado con una rotaflex en miniatura y un bote de lubricante.

Si señores, digan lo que digan los camelleros, aquí lo del paro no es culpa de los griegos. El drama del desempleo no es cosa de Sófocles ni el naufragio de los planes extraordinarios es una chapuza del bromista de Arquímedes.  Tampoco lo del cabreo de los santaneros es responsabilidad de los irlandeses y su manía de poner la cerveza pocha y encima sin tapa, ni siquiera de la industria que fabrica candelabros, toallas y albornoces de baño en Portugal. La verdad es que la camella no va, no va la provincia y no va Jaén. Le sobra peso y le falta agua y pienso. Así las cosas o dejamos caer lastre o nos quedamos varados en mitad de ninguna parte, a la sombra de espejismos de arboledas inexistentes y de mágicos lagos reflejados en la calima del horizonte

La brutal crisis económica que padecemos está teniendo, eso sí, un efecto positivo. Están cayendo uno tras otro los decorados y el cartón piedra de una realidad que apenas se sustentaba en los palillos y los ramales de la tramoya. La clase dirigente tiene que demostrar, ahora, como se administran los víveres para cruzar los vacíos páramos. Con los depósitos llenos cualquiera es capaz de encontrar el rumbo pero con la faltriquera vacía ya no es tan fácil y ahí es dónde tienen que esforzarse los que dicen ser buenos camelleros Y no jorobarla más de la que ya está de por sí (Jaén, digo) no tomando las decisiones adecuadas o tomando las erróneas. Vamos que se la saquen caiga quien se caiga

lunes, 4 de junio de 2012

EL BUS PERDIDO


Hay algo no que funciona bien en estos tiempos de tribulación económica, llanto hipotecario y rechinar de dentadura financiera. Si no, no se explica bien, como es posible que un autobús urbano decida, por su cuenta y riesgo de dañarse la trócola, arrancar, sin ningún humano a bordo, y llevarse por delante una farola, dos carteles y una señal de paso de peatones. Así como lo oyen y lo pudieron leer en este mismo periódico la pasada semana: El poltergeist del bus urbano. Un vehículo que quiso emular al maléfico Christine y al que  se le fue la batería para Almería, se puso el carburador por montera y decidió montárselo en solitario sin que los pasajeros siguieran calentándole los carburadores con quejas sobre “la jodida crisis, con lo de que los políticos son todos iguales, con lo de que se recorten ellos… y con lo de esto lo arreglaba yo sacando los tanques a la calle”.

Este  bus, como un Serrat con cilindros, decidió “harto de estar harto” tirar por la calle de en medio y poner en evidencia que la reglas que antes funcionaban ya no sirven y que las cosas hay que cambiarlas o terminaremos empotrados en el escaparate del massimoduti echando un humo pestilente por la trasera.

Y si no que se lo digan  a DG; y no me refiero a la glamurosas firma de moda, si no a Diego y a Griñán que se las prometían muy felices en el taller de la alta gobernatura y resulta que ahora los pespuntes se les salen de los dobladillos de los calzones de sus funcionarios. Creo que andan pidiendo consejo a Vitorio por un lado y a Luchino por otro para que les arme un patrón en el que no les tire la sisa por el sobaquillo del desacuerdo.

Tanto es así que las franquicias de sus tiendas en provincias, las de DG, están todavía sin gerentes y eso que el periodo de rebajas está al caer. Ni delegados, ni delegadas, ni delegables, ni deleznables. Calma chicha en esta tierra media en la que el alcalde de Jaén pasea, dubitativo como Saruman ante el bosque de Fangor, a la sombra de las inútiles vías del tranvía

Si hasta la criatura Gollum se dio cuenta de que se acabó lo que se daba cuando el Anillo se le escapo del dedo. Pero en este tierra, que dicen que esta en la mitad de la media de las estadísticas, los que manejan el poder en las dos torres siguen a lo suyo sin hacer caso a las señales y augures.

No me extraña que los buses se vuelvan tarumbas y los perdamos para sierre. Pero es que de nuevo se llevan los pantalones acampanados. Qué tiempos señores. Qué tropa